Sumamente inteligente, sin estudios pero autodidacta, sin embargo la tita Loli no tenía don de niños ni paciencia ni tacto.
Su técnica para arreglar conflictos infantiles consistía en atarlos en sillas para calmarlos o repartir capones profesionales en medio del cráneo con el nudillo del dedo corazón.
Por la noche, cuando el cansancio la ablandaba, es cuando caía bajo la influencia de algún sentido maternal oculto y le daba por cantar a los niños alguna nana "apaciguadora": "¿Cae o no cae? Y cayó un brazo.¿Cae o no cae? Y cayó una pierna. ¿Cae o no cae? Y cayó otro brazo.¿Cae o no cae? Y cayó una cabeza..."
No hay comentarios:
Publicar un comentario